Alfredo Gutiérrez: la leyenda rebelde

BOCAS conversó con el rebelde del acordeón y uno de los mayores expositores del vallenato.

A sus 75 años, Alfredo Gutiérrez, se ha coronado tres veces Rey en la categoría acordeón profesional del Festival de la leyenda vallenata.

A los seis años Alfredo Gutiérrez no tenía otra opción: para poder comer tenía que hacer lo que mejor sabía, tocar el acordeón y cantar. Y eso fue lo que hizo con su papá en los buses de Barranquilla y en los trolebuses de Bogotá. Así, de parada en parada y de bus en bus, se ganó la fama de “El niño prodigio del acordeón”. Pero, en 1958, su papá, su compañero de música y de vida, murió. Entonces, Alfredo, con 15 años, silenció el acordeón por seis meses y regresó a su tierra natal: Sucre.

Recuerda que en esos días necesitó arreglar un acordeón y, para su sorpresa, el que los arreglaba, transformaba y les cambiaba los tonos a los acordeones era su ídolo de toda la vida, Calixto Ochoa. Para ir a verlo quiso vestirse con lo mejor que tenía, pero entre sus pocas pertenencias no encontró unos buenos zapatos, así que un señor que ampliaba retratos le prestó los suyos. El problema es que eran talla 42 y él hoy, a sus 75 años, calza 38. Cuando Calixto lo vio, le dijo: “Hey, muchacho, ¿de dónde sacaste esos zapatos de payaso?”. Se rieron y, desde ahí, Ochoa se convirtió prácticamente en su segundo papá, le abrió las puertas de su casa, le prestó sus acordeones y le presentó a Antonio Fuentes, dueño de Discos Fuentes.

Allí, Alfredo Gutiérrez, que nació el 17 de abril de 1943 en una casa de bahareque en el corregimiento Paloquemao, de Los Palmitos (Sucre), fue clave en la fundación de la emblemática agrupación Los corraleros de Majagual y desde la primera grabación el éxito llegó.

Pronto, su característica rebeldía salió a la luz y sorprendió a muchos. En los años sesenta, cuando apenas se estaba fundando el Festival de la Leyenda Vallenata, rompió las reglas: le metió acordeón a los porros y cumbias, y al vallenato le introdujo el bajo eléctrico. Y, como si no fuera poco, en los setenta decidió que tocaría el acordeón con los pies y lo ha hecho desde entonces. Sin duda, ha sido el más grande transgresor del género y de eso nacieron sus conflictos con Consuelo Araújo (La Cacica), fundadora del Festival, un evento que todos los años homenajea a un ícono del vallenato, pero que, hasta ahora, no le ha dado ese reconocimiento a su único “Tri-Rey”.

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